
Luego el presente regresó como una ola: humano, ajetreado, controvertido, ensimismado. Salisbury y su compañero entraron en el comedor, y Pitt y Jack Radley salieron. Habían recorrido veinte metros por el pasillo cuando Jack habló.
– ¿Quién iba con Salisbury? -preguntó-. ¿Lo conoces?
– Sir Charles Voisey -respondió Pitt, sobresaltándose al oír su voz áspera-. El futuro candidato parlamentario por Lambeth sur.
Jack se detuvo.
– ¡Ese es el distrito de Serracold!
– Sí… -respondió Pitt con calma-. Sí… lo sé.
Jack espiró muy despacio; en su rostro se reflejó la comprensión, y el origen del miedo.
Capítulo 2
Pitt se sentía terriblemente solo en la casa sin Charlotte y los niños. Echaba de menos la calidez, las risas, la excitación, hasta las peleas. No se oía el repiqueteo de los tacones de Gracie, ni sus comentarios irónicos; su única compañía eran los dos gatos, Archie y Angus, que dormían hechos un ovillo en las zonas iluminadas por la luz del sol que entraba por las ventanas de la cocina.
Pero cada vez que recordaba la mirada llena de odio de Voisey, se sentía tan profundamente aliviado al pensar que su familia estaba fuera de Londres, donde ni Voisey ni ningún otro miembro del Círculo Interior podría encontrarla, que se quedaba sin aliento. Una pequeña casa de campo en una aldea en los límites de Dartmoor era el lugar más seguro posible. Aquella certeza le permitía hacer todo lo que estaba en su mano por impedir que Voisey obtuviera el escaño y empezara su ascenso a un poder que corrompería la conciencia del país.
