
Sin embargo, mientras desayunaba sentado a la mesa de la cocina una tostada carbonizada, mermelada casera y té preparado en una gran tetera, se sintió acobardado ante una tarea tan imprecisa, tan incierta. No había un misterio que resolver, ni explicaciones que ofrecer, ni nada específico que buscar. Su única arma era la información de que disponía. El escaño que se disputaba Voisey hacía años que era liberal. ¿Qué electores esperaba que cambiasen de voto? Representaba a los tories, la única alternativa frente a los liberales con alguna posibilidad de formar gobierno, a pesar de que la opinión de la mayoría era que esta vez el señor Gladstone ganaría, aunque su mandato no duraría mucho.
Pitt cogió otra tostada de la rejilla y la untó con mantequilla. A continuación extendió una gruesa capa de mermelada. Le gustaba su sabor, tan agrio que parecía embargarle los sentidos.
¿Se proponía Voisey conquistar el terreno neutral entre los dos partidos y aumentar así sus votos? ¿O desilusionar a los más pobres y empujarlos hacia el socialismo, dividiendo así el sector de votantes de la izquierda? ¿Contaba con un arma escondida hasta entonces con la que perjudicar a Aubrey Serracold y mermar así su campaña electoral? No podía hacer las tres cosas abiertamente. Pero con el respaldo del Círculo Interior no necesitaba actuar abiertamente. Nadie a excepción de los capitostes -tal vez nadie a excepción del mismo Voisey- conocía los nombres o los cargos de todos sus miembros, o incluso cuántos eran.
Pitt terminó la tostada, se bebió lo que quedaba de té y dejó los platos donde estaban. La señora Brady los fregaría cuando llegara, y sin duda volvería a dar de comer a Archie y Angus. Eran las ocho de la mañana y había llegado el momento de obtener más información sobre el programa electoral de Voisey, los temas en los que se iba a basar su campaña, las personas que le apoyaban abiertamente y el lugar donde iba a hablar. Gracias a Jack había descubierto algo relacionado con Serracold, pero no bastaba.
