
– ¡Nadie va a perder el Imperio! -replicó el hombre pelirrojo con tono burlón-. ¡Ni siquiera los socialistas son tan tontos!
– El señor Gladstone va a perderlo -replicó Voisey-. ¡Trozo a trozo! Primero Irlanda, luego tal vez Escocia y Gales. Quién sabe qué vendrá después… ¿India, quizá? Se acabarán el cáñamo y el yute, la madera de caoba y el caucho de Birmania. Luego África, Egipto, una porción cada vez. Si es capaz de perder Irlanda, que está tan cerca de nuestras fronteras, ¿por qué no va a perder todo lo demás?
Hubo un silencio repentino y acto seguido resonaron unas fuertes carcajadas, pero en ellas no había el menor rastro de humor, sino una nota callada de duda, tal vez hasta de miedo.
Pitt observó a los hombres más próximos a él. Todos miraban a Voisey.
– Necesitamos tener comercio -continuó Voisey, pero esta vez no tuvo necesidad de gritar. Le bastó con dirigir la voz hacia el final de la multitud-. Necesitamos el imperio de la ley y el dominio de los mares. ¡Si queremos compartir más equitativamente nuestras riquezas, debemos asegurarnos primero de que las tenemos!
Se oyó un murmullo que parecía de asentimiento.
– ¡Hagáis lo que hagáis, hacedlo bien, mejor que nadie en el mundo! -En el tono de Voisey había un matiz de orgullo, incluso de triunfo-. Y votad libremente para que os representen hombres que sepan hacer y mantener las leyes dentro de nuestro país, y tengan tratos honrados y fructuosos con los demás países del mundo para conservar y aumentar lo que tenemos. No votéis a hombres viejos que hablan en nombre de Dios, pero en realidad sólo hablan en nombre del pasado, hombres que llevan a cabo sus deseos sin escuchar los vuestros.
Se oyeron nuevos gritos de la multitud, pero a Pitt le pareció que en muchos sectores sonaban como una aclamación.
Voisey no retuvo mucho más tiempo a los trabajadores. Sabía que estaban cansados y hambrientos, y que la mañana siguiente llegaría demasiado pronto. Fue lo suficientemente inteligente para terminar mientras seguían interesados y, lo que es más importante, mientras todavía estaban a tiempo de cenar bien y pasar un par de horas en la taberna tomándose unas pintas de cerveza y hablando de ello.
