Cornwallis apretó los labios, pero no preguntó a Pitt por qué quería saber aquello.

– Solo lo que es de dominio público -replicó-. Estudió en Harrow y Oxford, y luego ejerció la abogacía. Era un abogado brillante y ganó mucho dinero y, lo que es más importante a largo plazo, hizo un montón de amigos en los puestos adecuados, y no dudo que también se granjeó unos cuantos enemigos. Le nombraron juez y poco después estuvo en el tribunal de apelación. Sabe correr riesgos y aparentar coraje, y sin embargo, nunca ha sufrido un traspiés demasiado grave.

Pitt ya había oído todo aquello antes, pero aquella descripción tan sucinta le ayudó a concentrarse.

– Es un hombre enormemente orgulloso -continuó Cornwallis-. Pero en la vida cotidiana tiene la habilidad para ocultarlo, o al menos hacer que parezca menos ofensivo.

– Menos vulnerable -dijo Pitt al instante.

Cornwallis captó lo que quería decir.

– ¿Está buscando un punto débil?

Pitt recordó con esfuerzo que Cornwallis no sabía nada del caso Whitechapel, aparte del juicio de Adinett al comienzo y la concesión del título de sir a Voisey al final. Ni siquiera sabía que Voisey era el jefe del Círculo Interior, y por su seguridad era mejor que nunca se enterara. Pitt se lo debía, al menos, por su lealtad en el pasado, y lo habría deseado por la amistad que le unía ahora a él.

– Estoy buscando información, y eso incluye descubrir sus puntos fuertes y débiles -respondió-. Se va a presentar como candidato tory al Parlamento en un escaño liberal fuerte. ¡Ya ha surgido la cuestión del autogobierno!

Cornwallis arqueó las cejas.

– ¿Y aquí entra Narraway?.

Pitt no contestó.

– ¿Qué quiere saber de Voisey? -preguntó-. ¿Qué clase de punto débil?

– ¿Por quién siente afecto? -preguntó Pitt en voz baja-. ¿A quién teme? ¿Qué le hace reír, asustarse, sufrir? ¿Qué quiere además del poder?



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