
Una vez que los ojos se le acostumbraron al interior, Nafai distinguió quién más estaba en el pórtico. Issib, por supuesto, pero, para su sorpresa, también Padre, que había regresado del viaje. ¿Por qué había ido a la casa de Rasa en la ciudad en vez de ir primero a su granja? Padre se levantó para abrazarlo.
—Elemak está en casa, Padre.
—Eso me ha dicho Issya.
Padre parecía muy serio y distante. Estaba preocupado por algo; nada bueno, sin duda.
—Ahora que Nafai ha llegado —dijo Madre—, quizá podamos analizar de qué se trata.
Sólo al sentarse a la sombra Nafai comprendió que había dos niñas con ellos. Al principio, encandilado por la luz del sol, había pensado que eran sus hermanas Sevet y Kokor, hijas de Rasa. En ese contexto, una reunión de Rasa con sus hijos, la presencia de Padre era sorprendente, pues él sólo era padre de Issib y Nafai, no de las niñas. Pero en vez de Sevet y Kokor, descubrió que eran dos niñas de la escuela: Hushidh, otra sobrina de Madre, de la misma edad que Eiadh, y esa brújula que había encontrado en el porche, Luet. La miró consternado. ¿Cómo había llegado allí tan pronto? Claro que él no se había dado prisa. Madre debía de haber enviado a buscarla aun antes de saber que Nafai ya estaba en la casa.
¿Qué hacían Luet y Hushidh en una conferencia sobre asuntos de familia?
