
—¿Qué significa eso?
—O el mundo arderá.
Y Padre se marchó. Nafai se quedó mirando la puerta y al fin se volvió hacia los demás. Todos lo miraban a él, como si esperaran que hiciera algo.
—¿Qué hay? —preguntó.
—Nada —dijo Madre. Se levantó del asiento que ocupaba a la sombra del árbol kaplya—. Todos volveremos a nuestras labores.
—¿Eso es todo? —preguntó Issib—. Nuestro padre, tu compañero, acaba de decirnos que el Alma Suprema le habla, ¿y nosotros debemos regresar a los estudios?
—No entendéis, ¿verdad? —dijo Madre—. Habéis vivido todos estos años como hijos míos, como alumnos míos, pero sólo sois un par de mozuelos que merodean por las calles de Basílica buscando una mujer complaciente y una cama donde pasar la noche.
—¿Cómo que no entendemos? —pregunto Nafai—. El hecho de que las mujeres toméis en serio a esta brújula no significa que…
—Yo estuve en las aguas profundas —dijo Madre con voz metálica—. Los hombres podéis fingir que el Alma Suprema está distraída o durmiendo, o que es sólo una máquina que compila nuestras transmisiones y las envía a las bibliotecas de las ciudades. Sea cual fuere vuestra teoría, no cambiará la verdad. Para mí, y para casi todas las mujeres de esta ciudad, el Alma Suprema está viva. Al menos como guardiana de los recuerdos de este mundo. Todos recibimos esos recuerdos cuando bajamos al agua. A veces parecen caprichosos, a veces recibimos exactamente el recuerdo que necesitamos. El Alma Suprema mantiene la historia del mundo tal como fue vista por los ojos de otros. Sólo unas pocas, como Luet y Hushidh, reciben sabiduría del agua, y aún menos reciben visiones de cosas reales que todavía no han sucedido. Desde que murió la gran Izumina, Luet es la única vidente que conozco en Basílica. Así que, en efecto, la tomamos muy en serio.
¿Las mujeres bajan al agua y reciben visiones? Era la primera vez que Nafai oía describir una parte del culto del lago.
