En ese momento el enmascarado Mebbekew brincó al escenario e interpeló al público.


¡Escuchad a ese viejo asqueroso!


Continuaron en un extraño duelo donde el vendedor de pociones cantaba una línea y el joven personaje de Mebbekew respondía con un comentario hablado dirigido al público:


¡Mas el amor viste muchos atuendos! (Hace días que le vengo siguiendo.) ¡Hay quien acude al instante! (Sé que trama matar al amante.) ¡Hay quien demora la acción! (¡Oídle rebuznar su canción!) ¡Ay, no cometas un error! (Daré una visión a este impostor.) ¡Cuando puedo brindarte dicha extrema! (Pensará que es del Alma Suprema.) Nada limita los amorosos juegos. (Una visión con un poco de fuego…) No importa la ocasión, si late el corazón, lograrás despertar la pasión.


Una visión del Alma Suprema. Fuego. A Nafai no le gustó el cariz que tomaban las cosas. No le gustaba que la máscara del viejo vendedor de pociones tuviera una desgreñada melena de cabello blanco y una abundante barba. ¿Era posible que el rumor se hubiera difundido tan pronto? Algunos autores de sátiras eran famosos por escuchar los chismes antes que los demás (a menudo la gente presenciaba las sátiras sólo para enterarse de las novedades) y muchos espectadores se marchaban preguntándose de qué se trataba.

Mebbekew estaba tocando una caja del escenario. El autor le dijo:

—Olvida el efecto del fuego. Fingiremos que funciona.

—Hay que probarlo alguna vez —respondió Mebbekew.

—Ahora no.

—¿Cuándo?

El autor se levantó, caminó hacia el escenario, hizo bocina con las manos y bramó:

—¡Probaremos… el… efecto… después!

—Bien —asintió Meb.

Cuando el autor regresó a su sitio, añadió:

—Además, tú no activarás el efecto.

—Perdón —dijo Meb.

Regresó detrás de la caja que presuntamente debía lanzar una columna de fuego esa noche. Los otros enmascarados volvieron a sus puestos.



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