—Te conozco, Nyef. Siempre terminas contándoselo todo a Padre.

Como si Padre al fin no fuera a averiguar que su hijo participaba en una sátira destinada a ridiculizarlo ante toda la ciudad.

—Lo que me saca de quicio —dijo Nafai— es que sólo te importan tus problemas. No tienes la menor lealtad hacia la familia.

—Esto no perjudica a mi familia. Las máscaras son un buen modo de iniciarse como actor, me permiten ganarme la vida y de vez en cuando me procuran un poco de respeto y placer, mucho más de lo que jamás obtuve trabajando para Padre.

¿De qué hablaba Meb?

—No me molesta que seas enmascarado. Más aún, me parece magnífico. Hoy he venido aquí porque yo también pensaba intentarlo.

Meb se quitó la máscara y lo miró de arriba abajo.

—Tu cuerpo puede funcionar en el escenario. Pero aún tienes voz de chiquillo.

—Mebbekew, eso no importa ahora. No importan las máscaras. ¡Pero no puedes hacerle esto a Padre!

—¡No le hago nada a Padre! Hago esto por mí. Hablar con Mebbekew siempre conducía a lo mismo. Nunca seguía la ilación de un razonamiento.

—De acuerdo, sé enmascarado —dijo Nafai—. ¡Pero ni siquiera tú puedes rebajarte a ridiculizar a Padre! Meb lo miró sin entender.

—¿Ridiculizar a mi padre?

—No me digas que no lo sabes.

—¿En qué lo ridiculiza esta sátira?

—La escena que acabas de terminar, Meb.

—Padre no es la única persona de Basílica que cree en el Alma Suprema. De hecho, pienso que él no cree seriamente.

—¡La visión, Meb! ¡El fuego en el desierto, la profecía sobre el fin del mundo! ¿De quién crees que habla?

—No lo sé. El viejo Drotik no nos cuenta de qué son estas cosas. No importa que no hayamos oído el chisme. Decimos las líneas y listo. —De pronto Meb puso cara de sorpresa—. ¿Qué tiene que ver con Padre este asunto del Alma Suprema?

—Tuvo una visión. En el Camino del Desierto, esta mañana antes del alba, cuando regresaba del viaje. Vio una columna de fuego en una roca, y Basílica en llamas, y cree que significa la destrucción del mundo, como la Tierra de la vieja leyenda. Madre le cree y él ya debe de haber comenzado a hablar con los demás sobre el asunto. De lo contrario el autor no incluiría esta parte en su sátira.



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