—¿Cuáles?

—Todas ellas.

—Pregunto cuáles son las que ya no respetamos. Elemak decidió ir al grano.

—Fue al consejo del clan y habló contra nuestra decisión de colaborar con Potokgavan en su guerra con los cabeza mojada.

—¿Quiénes?

—Los gorayni. Los cabeza mojada.

Les habían dado ese apodo por su costumbre de llevar el cabello largo, en bucles que goteaban aceite perfumado. También eran famosos como guerreros crueles que despachaban a los prisioneros que no demostraban su valor sufriendo graves heridas antes de rendirse.

—Pero están cientos de kilómetros al norte de aquí —dijo Nafai—, y los potoku están al sureste. ¿Por qué han de pelear?

—¿Qué te enseñan en tu escuelita? —dijo Elemak—. Los potoku han extendido su protección sobre toda la planicie costera, hasta el río Mochai.

—Claro. ¿Protección de qué?

—De los gorayni, Nafai. Nosotros estamos en el medio. Eso se llama geografía.

—Conozco la geografía. Pero no entiendo por qué debería haber guerra entre los gorayni y los potoku, y si la hubiera, no sé cómo la librarían. Potokgavan tiene una flota, esa gente vive en barcos, pero Goraynivat no tiene litoral marítimo…

—No tenía. Han conquistado Usluvat.

—Supongo que sabía eso.

—Oh, sin duda —dijo Elemak—. Tienen carros con caballos. ¿Los has oído nombrar?

—Ruedas —dijo Nafai—. Caballos que arrastran cajas con hombres armados para la batalla.

—Y transportan vituallas para alimentar un ejército en una larga marcha. Una muy larga marcha. Los carros lo están cambiando todo. —De pronto Elemak hablaba con entusiasmo. Hacía años que Nafai no lo veía tan excitado—. Imagino que un día ensancharemos el Camino del Risco y el Camino de la Planicie y la Calle del Mercado para que los granjeros puedan llevar sus productos en carros.



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