Era correcto que Elemak actuara así. Ya tenía veinticuatro y acababa de traer su caravana a salvo después de comprar plantas exóticas en la ciudad selvática de Tishchetno. Era el primero de Basílica que iba allá desde hacía años, y quizás hubiera despachado a un salteador en el camino. No cabía la menor duda sobre su hombría. Nafai conocía las reglas: si un hombre actúa como un niño, es encantador y deleita a todos; si un niño actúa del mismo modo, se porta como un crío y todos le dicen que trate de ser hombre.

Elemak se estaba enjabonando. Nafai —congelándose, aunque tenía los brazos cruzados sobre el pecho— estaba a punto de ir a su habitación a buscar la ropa cuando Elemak se puso a hablar de nuevo.

—Has crecido desde que me fui, Nyef.

—Me he dedicado a eso últimamente.

—Pues te sienta bien. Buenos músculos. Te pareces al viejo en muchos sentidos. Aunque tienes el rostro de tu madre.

Nafai se sintió halagado por el tono aprobatorio, pero también humillado por estar allí, desnudo como un arrendajo, mientras su hermano lo examinaba.

Issib, como siempre, empeoró las cosas.

—Por suerte tiene el rasgo más importante de Padre —observó.

—Bien, todos lo tenemos —dijo Elemak—. Todos los hijos del viejo fueron varones… o al menos los hijos que le conocemos —añadió riendo.

Nafai no soportaba que Elemak hablara de Padre de esa manera. Todos sabían que Padre era un hombre casto que sólo tenía relaciones sexuales con su compañera legítima. Y hacía quince años que esa compañera era Rasa, la madre de Nafai e Issib, y que el contrato se renovaba todos los años. Padre era tan fiel que las mujeres habían desistido de visitarlo para sugerirle que estarían disponibles cuando expirase el contrato. Claro que Madre se mantenía igualmente fiel y aún había muchos hombres que la adulaban con obsequios e insinuaciones. Pero así eran los hombres: la fidelidad les resultaba más estimulante que la inconstancia, como si Rasa fuera fiel a Wetchik sólo para provocarlos. Además, el vínculo con Rasa significaba compartir lo que algunos consideraban la mejor casa de Basílica, y lo que todos consideraban la mejor vista. Jamás me uniría a una mujer sólo por su casa, pensó Nafai.



7 из 269