
Tu Susan
29 de enero de 1975
Susan:
¡No he recibido tus felicitaciones! En fin, todavía no. Espero que el dibujo que te envío no llegue muy estropeado. Te preguntarás qué representa esa perspectiva de una calle al amanecer. Pues bien, tengo que anunciarte una gran noticia: ya estoy en el taller en Broome Street y, mientras te escribo desde mi ventana veo la calle desierta del Soho. Es la vista que te he dibujado. No te puedes imaginar hasta qué punto ha cambiado mi vida desde que me fui de Montclair; es como si hubiese perdido mis referencias. Pero al mismo tiempo sé que el cambio me hará mucho bien.
Me levanto temprano y salgo a desayunar al café Reggio. Me desvío un poco, pero me gusta disfrutar de la luz de la mañana en esas callejue las de grandes adoquines irregulares, aceras deformadas con sus grandes placas de hierro rundido, y fachadas con escaleras metálicas. Y, además, tú adoras este lugar. Sabes, creo que te escribiré lo que sea para que de vez en cuando pienses en mí, para que me respondas y me hables de ti. No me imaginaba que te echaría tanto de menos. Me aferró a mis cursos y todos los días me digo que el tiempo sin ti es demasiado largo, que debería subirme a un avión e ir a tu lado. Aunque, como me has dicho varias veces, no es mi vida. Sin embargo a veces me pregunto qué será de mi vida lejos de ti.
Bien, si esta carta no acaba en la papelera es que el bourbon que me acabo de tomar habrá hecho su efecto, que me habré prohibido releer mis palabras mañana por la mañana o que esta misma noche la he echado en el buzón de correos que hay en la esquina de mi calle. Cuando salgo de casa por la mañana, lo miro con el rabillo del ojo, como si el buzón fuera el encargado de entregarme una carta tuya un poco más tarde; una carta que encontraré al regresar de la facultad. A veces tengo la impresión de que me sonríe y se burla de mí, flemático. Hace un frío terrible. Besos.
