
Una de las ventajas para la parroquia fue que la calidad de la comida de la vicaría mejoró considerablemente. La señora Bennet había educado a sus hijas para que supieran que una buena mesa es importante para crear armonía doméstica y para atraer a los invitados masculinos. Las congregaciones esperaban que el deseo del vicario de regresar pronto a la felicidad conyugal le llevara a acortar los servicios, pero aunque su envergadura aumentaba, la duración de sus sermones se mantenía invariable. Ambos se acoplaron a la perfección, salvo al principio, cuando Mary exigió disponer de un cuarto de lectura propio en el que poder estar a solas con sus libros. Lo logró convirtiendo la única habitación libre de dimensiones decentes en un dormitorio para su uso exclusivo, que resultó ventajoso a la hora de promover la cordialidad doméstica al tiempo que impedía invitar a dormir a sus familiares.
En el otoño de 1803, año en que la señora Bingley y la señora Darcy celebraban seis años de feliz matrimonio, a la señora Bennet solo le quedaba una hija soltera, Kitty, para la que no había encontrado marido.
