A Mary, invitada en Highmarten durante uno de los domingos en los que él había predicado, se lo presentó Jane a la puerta de la iglesia tras el servicio, y a él lo impresionó al momento con sus cumplidos sobre el discurso, su aprobación del enfoque que había dado al texto, y con tantas referencias a la importancia de los sermones de Fordyce que Jane, impaciente por regresar a casa, junto a su esposo, a degustar fiambres y ensalada, lo invitó a cenar al día siguiente. Después de aquella ocasión llegaron otras, y en menos de tres meses Mary se había convertido en la señora de Theodore Hopkins. Su vida matrimonial suscitaba tan poco interés como el que había despertado la ceremonia.

Una de las ventajas para la parroquia fue que la calidad de la comida de la vicaría mejoró considerablemente. La señora Bennet había educado a sus hijas para que supieran que una buena mesa es importante para crear armonía doméstica y para atraer a los invitados masculinos. Las congregaciones esperaban que el deseo del vicario de regresar pronto a la felicidad conyugal le llevara a acortar los servicios, pero aunque su envergadura aumentaba, la duración de sus sermones se mantenía invariable. Ambos se acoplaron a la perfección, salvo al principio, cuando Mary exigió disponer de un cuarto de lectura propio en el que poder estar a solas con sus libros. Lo logró convirtiendo la única habitación libre de dimensiones decentes en un dormitorio para su uso exclusivo, que resultó ventajoso a la hora de promover la cordialidad doméstica al tiempo que impedía invitar a dormir a sus familiares.

En el otoño de 1803, año en que la señora Bingley y la señora Darcy celebraban seis años de feliz matrimonio, a la señora Bennet solo le quedaba una hija soltera, Kitty, para la que no había encontrado marido.



12 из 291