– No tenemos teléfono -dijo la

– Bueno -dije-, ¿sería tan amable de darme un vaso de agua? Sabe, parece un desmayo, como si hubiese perdido el sentido.

La

– ¿Qué es esto? ¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo se atreven a entrar en mi casa sin permiso? -Todo el tiempo le temblaba la

– No temas. Si en tu corazón, oh hermano, anida el temor, te ruego lo deseches ahora mismo. -Aquí Georgie y Pete fueron a buscar la cocina, mientras el viejo Lerdo esperaba órdenes, a mi lado, con la

– Eso es lo que quiero saber. ¿Qué es esto? ¿Qué quieren aquí? Salgan antes que los eche.

El pobre y viejo Lerdo, con su máscara de Pebe Shelley,

– Un libro -dije-. Usted está escribiendo un libro. -Hablé con una

El Lerdo largó la vieja música labial, y yo mismo tuve que

– Basta de

Así que Georgie y Pete dejaron las grasientas

– Está bien, Lerdo -dije-. Ahora, vamos a la otra

Lerdo se acercó a la

De modo que subimos al auto que esperaba y dejé el volante a Georgie, porque yo me sentía un

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Bajamos en el centro y caminando lentamente volvimos al bar lácteo Korova, aullando

Casi todos eran

Pero el viejo Lerdo, apenas

– Por ser un bastardo que no tiene educación, y ni

El Lerdo me echó una mirada perversa y dijo: -No me gustó que hicieras lo que hiciste. Y ya no soy tu hermano, y no quiero serIo nunca más. -Había extraído del bolsillo un

– Si no te gusta lo que hice, y no quieres repetirlo, ya sabes lo que te conviene, hermanito. -Y entonces habló Georgie, con una voz áspera y rara.



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