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Cuando salimos del Duque de Nueva York
Y volveré a mi nena, a mi nena,
cuando tú, nena mía, te hayas ido.
Pero cuando el Lerdo le dio unos cuantos puñetazos en la hedionda
– Vamos, péguenme, cobardes hijos de puta… no quiero vivir en este mundo podrido.
Le dije al Lerdo que se apartase un poco, porque a veces me gustaba
– Bueno, ¿y qué tiene de podrido? -le dije.
– Es un mundo podrido porque permite que los jóvenes golpeen a los viejos como ustedes hicieron, y ya no hay ley ni orden. -Estaba
Oh, patria, patria querida, luché por ti
y te di la paz y la victoria.
De modo que lo
Cerca de la central eléctrica municipal nos topamos con Billyboy y sus cinco
– Bueno, que me cuelguen si no es ese gordo maloliente, el cabrón Billy y toda la porquería. ¿Cómo estás, botellón de aceite de cocina barato? Acércate, que te daré una en los
Y ahí nomás empezamos.
Como ya dije, éramos cuatro y ellos seis, pero aunque obtuso, el pobre y viejo Lerdo valía por tres de los otros cuando había que pelear sucio y fuerte. El Lerdo tenía un
Como siempre, de los cuatro fue el Lerdo el que salió con una apariencia más maltrecha, la cara toda ensangrentada y los
De pronto
– Me gustaría saber qué hay allí. ¿Qué habrá en esas cosas?
Le di un buen codazo, y le dije: -Vamos, si eres un
Los otros
Jugamos un rato fuera del centro, asustando a viejos
– Perdón, señora, lamento muchísimo molestarla, pero mi amigo y yo salimos a pasear, y mi amigo enfermó de pronto y se siente realmente mal, y ahora está ahí en el camino, inconsciente y gimiendo. ¿Me permitiría usar su teléfono para llamar una ambulancia?
