– Bueno. No empecemos.

– Eso es cosa del Lerdo -dije-. El Lerdo no puede pasarse toda la

– ¿Qué derecho natural le hace creer que puede dar órdenes y

– Cuidado -dije, con la voz más discreta que pude, pues el estéreo estallaba entre las paredes y el techo, y el

– 

– Con el

– Bueno, vamos, ustedes dos -intervino Pete-. Somos

– El Lerdo -dije- tiene que aprender a quedarse en su lugar. ¿Es así?

– Un momento -dijo Georgie-. ¿Qué es esta

Pete dijo: -A decir verdad, Alex, no debiste darle al viejo Lerdo ese

Pete hundió la cara en el vaso de leche.

Sentí un

– De acuerdo, de acuerdo. Tal vez estamos todos un poco cansados. Mejor no hablemos más. -Me sorprendió y un poco me puso

– Tienes que comprender el

– Mejor nos vamos a casa y

– Creo que ahora mejor nos vamos a casa. El Lerdo ha tenido una idea verdaderamente

– Oh, sí -dijo Georgie-. Creo que sí.

– Tal vez -dijo el Lerdo- yo llegue un

De modo que cada uno tomó por su lado, y yo eructando arrrgh por la coca fría que había

Abrí la puerta dell 10-8 con mi propio jo jo, el viejo

Los pequeños altavoces de mi estéreo estaban todos dispuestos alrededor del cuarto, en el techo, las paredes, el suelo, de modo que cuando me acostaba en la cama para

Después oí el hermoso Mozart, la Júpiter, y se presentaron otras imágenes de diferentes

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A la mañana siguiente me desperté oh a las ocho oh oh horas, hermanos míos, y seguía cansado, gastado, abrumado y deprimido, y tenía los



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