»¡Piensa, Mary, piensa…!», se reprendió a sí misma. «¡Sé lógica! Era un hastío. No tenía más opción que pasarme soñando las semanas, los meses, los años… soñar con pisar las piedras del Foro Romano, soñar con comer naranjas en un huerto de Sicilia, soñar con llenarme la mirada con la visión del Partenón, soñar con apoyar la mejilla contra algún muro de Tierra Santa que Jesucristo pudiera haber tocado, o en el que se hubiera apoyado, o por el que simplemente se hubiera deslizado su sombra. He soñado con poder vagabundear libremente por playas lejanas, he soñado con visitar ciudades de climas más soleados, y con las montañas y los cielos de los que sólo sé por lo que he podido leer. Mientras, en la realidad he vivido un mundo dividido entre libros, música y una madre que no me necesitaba en absoluto.

»Pero ahora que soy libre, no tengo ningún deseo de experimentar todas esas cosas. Todo lo que deseo es ser útil, tener un objetivo. Tener algo que hacer y hacer algo que sirva para algo. Pero… ¿podré hacerlo? No. Mis hermanas mayores y sus maridos caerán sobre Shelby Manor esta misma semana y promulgarán una nueva sentencia de aletargamiento sobre la tía Mary. Probablemente vendrán con la horda de niñeras, amas de llaves y tutores que son responsables del bienestar de los niños de Elizabeth y Jane. Porque, naturalmente, la señora Darcy y la señora Bingley sólo disfrutan de los buenos momentos de los niños y dejan las miserias de la maternidad a otros. Las esposas de los hombres importantes no esperan a que las cosas ocurran: hacen que las cosas ocurran. Hace diecisiete años, la señora Darcy y la señora Bingley estaban demasiado ocupadas disfrutando de sus matrimonios como para ocuparse de mamá.

»¡Oh, qué amargo suena todo eso! No creía que al dar forma a los pensamientos sonara tan amargo. En aquel tiempo, no me lo parecía. Debo ser amable con ellos. Cuando papá murió, ambas se convirtieron en madres, Kitty se acababa de casar y Lydia… ¡oh, Lydia! Los Collins se quedaron con Longbourn, y mi destino quedó sellado, entre la espada y la pared.



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