– Joder, qué gente más noble. ¿Ya no le dejan a nadie mantener la dignidad?

– Mira, es mejor que irse hoy con una caja de cartón. Dos semanas de paga son dos semanas de paga.

– Pero ¿te parece justo? ¿Cuánto tiempo llevas ahí? Seis, siete años, ¿y te dan dos semanas?

Estaba tratando de sonsacarme una cita jugosa. Yo era periodista y sabía cómo funcionaba. Goodwin quería un comentario iracundo que pudiera poner en el blog, pero yo no iba a morder el anzuelo. Le dije que no tenía más comentarios para el Ataúd de Terciopelo, al menos hasta que me marchara definitivamente. No le satisfizo la respuesta y trató de sacarme un comentario hasta que oí el pitido de llamada en espera. Miré el identificador de llamada y vi XXXXX en la pantalla. Eso significaba que la llamada venía de la centralita y no de alguien que tuviera mi número directo. Lorene, la telefonista de la redacción a la que veía de servicio en la cabina, podría haber dicho que estaba comunicando, así que su decisión de poner la llamada en espera en lugar de anotar el mensaje solo podía significar que quien llamaba la había convencido de que se trataba de algo importante.

Corté a Goodwin.

– Mira, Don, no voy a hacer comentarios y he de colgar. Tengo otra llamada.

Pulsé el botón antes de que él hiciera un tercer intento para que comentara mi situación laboral.

– Soy Jack Mc Evoy -dije después de colgar.

Silencio.

– Hola, soy Jack Mc Evoy. ¿En qué puedo ayudarle?

Llámenme tendencioso, pero inmediatamente identifiqué a la persona que llamaba como mujer, negra y sin educación.

– ¿Mc Evoy? ¿Cuándo va a decir la verdad, Mc Evoy?

– ¿Quién es?

– Está contando mentiras en su periódico, Mc Evoy.

«Ojalá fuera mi periódico», pensé.

– Señora, si quiere decirme quién es y cuál es su queja, la escucharé, de lo contrario voy a…

– Ahora dicen que Mizo es adulto, ¿de qué coño van? No ha matado a ninguna puta.



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