
Y sabía cuando me senté allí cortejando una copa de vino tinto barato que eso sería lo que más echaría de menos en el trabajo.
– ¿Sabes lo que he oído? -me dijo Larry, con la cabeza apartada de las de los tipos de Deportes para hablar de manera confidencial.
– No, ¿qué?
– Que durante una de las reestructuraciones en Baltimore, un tipo cogió el cheque y en su último día entregó un artículo que resultó ser completamente falso. Se lo inventó todo.
– ¿Y lo publicaron?
– Sí, no se enteraron hasta que empezaron a recibir llamadas al día siguiente.
– ¿De qué iba el artículo?
– No lo sé, pero fue un enorme corte de mangas a la empresa.
Tomé un sorbo de vino y reflexioné sobre ello.
– No creas -comenté.
– ¿Qué quieres decir? Claro que lo fue.
– Me refiero a que lo más seguro es que los directores se sentaran y dijeran: nos hemos deshecho del tipo correcto. Si quieres joderles, has de hacer algo que les haga pensar que la cagaron al dejarte marchar. Algo que les diga que deberían haber elegido a otro.
– Sí. ¿Y eso es lo que tú vas a hacer?
– No, tío, yo me iré tranquilamente. Voy a publicar una novela y esa será mi forma de decirles «que os den». De hecho, ese es el nombre del archivo: «Que te den, Kramer».
– ¡Muy bueno!
Bernard rio y cambiamos de tema. Pero mientras hablábamos de otras cosas, yo pensaba en el gran corte de mangas, y en la novela que iba a retomar y terminar por fin. Quería irme a casa y empezar a escribir. Creía que contar con eso cuando saliera del trabajo cada noche quizá me ayudaría a soportar las dos semanas siguientes.
Me sonó el móvil y vi que mi exmujer me llamaba. Sabía que tenía que contestar. Aparté el taburete y me dirigí al aparcamiento para hablar con más tranquilidad.
La diferencia horaria con Washington era de tres horas, pero el número de identificación era el de su despacho.
– Keisha, ¿qué estás haciendo aún en el trabajo?
