
La redactora jefe de Local era una mujer llamada Dorothy Fowler. Se trataba de uno de los puestos más cambiantes del periódico, una posición que, por los condicionantes tanto políticos como prácticos, parecía una puerta giratoria. Fowler había sido una buena periodista política y solo llevaba ocho meses al frente del equipo de Local. Le deseaba lo mejor, pero sabía que era casi imposible que tuviera éxito, considerando los recortes y los cubículos vacíos en la sala de redacción.
Fowler tenía una de las oficinas acristaladas, pero prefería estar entre los periodistas. Normalmente ocupaba una mesa a la cabeza de la formación de escritorios donde se sentaban todos los SL, los subdirectores de Local. Se la conocía como la Balsa porque todas las mesas estaban juntas, como si formar una especie de flotilla les proporcionara fuerza numérica contra los tiburones.
Todos los periodistas de Local estaban asignados a un SL como primer nivel de dirección y control. El mío era Alan Prendergast, quien supervisaba a todos los periodistas policiales y de juzgados. Como tal, tenía turno de tarde y solía llegar alrededor de mediodía, puesto que las noticias que proporcionaban los periodistas que trabajaban en sucesos policiales y judiciales normalmente no se producían a primera hora.
Eso significaba que mi primer control del día era con Dorothy Fowler o con el subredactor jefe de Local, Michael Warren. Siempre trataba de que fuera con Fowler, porque tenía más poder y porque Warren y yo nunca nos habíamos llevado bien. Ello obedecía seguramente al hecho de que yo había conocido a Warren mucho antes de llegar al Times, cuando trabajaba en el Rocky Mountain News de Denver y competí con él por un gran artículo. Warren actuó de manera poco ética y por eso no confiaba en él como redactor.
Dorothy tenía los ojos pegados a la pantalla y tuve que llamarla en voz alta para captar su atención. No habíamos hablado desde que me habían dado la rosa, así que levantó inmediatamente la mirada con una mueca de compasión más propia de que acabara de enterarse de que me habían diagnosticado un cáncer de páncreas.
