
Angela negó con la cabeza.
– No me preocupa el siguiente ascenso; esto es lo que quiero. Quiero escribir historias de asesinatos, quiero escribir libros sobre esto.
Sonaba sincera, como si fuera yo mucho tiempo atrás.
– Bien -dije-. Voy a llevarte al Parker Center para que conozcas a alguna gente: detectives, sobre todo. Te ayudarán, pero solo si confían en ti. Si no lo hacen, lo único que conseguirás serán comunicados de prensa.
– ¿Y eso cómo se logra, Jack? Que confíen en mí.
– Ya sabes cómo: escribe artículos y sé justa, precisa. Sabes lo que has de hacer; la confianza se construye sobre los hechos. Lo que has de recordar es que los polis de esta ciudad tienen una red asombrosa. La fama de un periodista se extiende deprisa. Si eres justa, todos se enterarán. Si jodes a uno de ellos, también, y entonces te cortarán el acceso.
Parecía avergonzada por mi lenguaje. Tendría que acostumbrarse, si iba a tratar con policías.
– Hay otra cosa -dije-. Tienen una nobleza oculta; me refiero a los buenos. Y si puedes meter eso en tus artículos, con el tiempo te los ganarás. Así que fíjate en los detalles reveladores, en los pequeños momentos de nobleza.
– Vale, Jack. Lo haré.
– Entonces te irá bien.
Mientras hacíamos las rondas y las presentaciones en la comisaría central del Parker Center, dimos con la pequeña noticia de un asesinato sin resolver en la unidad de Casos Abiertos. Habían resuelto un suceso de violación y asesinato de veinticinco años atrás después de que el ADN hallado en el cuerpo de la víctima en 1989 fuera desenterrado de los archivos de pruebas y pasado por el banco de datos de delitos sexuales del Departamento de Justicia. El ADN pertenecía a un hombre que en ese momento cumplía condena en Pelican Bay por intento de violación. Los investigadores de Casos Abiertos presentarían cargos contra el reo antes de que este tuviera ocasión de solicitar la libertad condicional. No era una noticia espectacular, porque el villano ya estaba entre rejas, pero merecía doscientas palabras. A la gente le gustaba leer historias que reforzaran la idea de que los malos no siempre quedaban impunes. Sobre todo en una situación de crisis económica, cuando ser cínico resulta muy fácil.
