
Al volver a la redacción, le pedí a Angela que escribiera -sería su primer artículo en el puesto- mientras yo trataba de localizar a Wanda Sessums, quien me había llamado airada el viernes anterior.
Como no había registro de su llamada en la centralita del Times y una rápida comprobación en información telefónica no había revelado ningún número de Wanda Sessums en la zona de Los Ángeles, decidí contactar con el detective Gilbert Walker del Departamento de Policía de Santa Mónica. Era el investigador jefe en el caso que desembocó en la detención de Alonzo Winslow por el asesinato de Denise Babbit. Supongo que podía decirse que era una llamada sin red. No tenía relación con Walker, porque su departamento no aparecía muy a menudo en el radar de noticias. Santa Mónica, una localidad de playa relativamente segura situada entre Venice y Malibú, sufría un problema acuciante con los sin techo, pero en ella se registraban muy pocos homicidios. El departamento de policía solo investigaba unos pocos casos al año y la mayoría de ellos no eran noticiables. Con mucha frecuencia se trataba de abandono de cadáveres como el de Denise Babbit. El crimen ocurría en algún otro sitio, por ejemplo en la zona sur de Los Ángeles, y a los policías de playa les tocaba hacer limpieza.
Walker estaba sentado a su mesa cuando llamé. Su voz sonó bastante amable hasta que me identifiqué como periodista del Times: al momento se tornó distante. Ocurría con frecuencia; había pasado siete años en el puesto y muchos policías de varios departamentos se contaban entre mis fuentes e incluso entre mis amigos.
