El caso se había originado en la ciudad de Santa Mónica porque la víctima había sido hallada en el maletero de su coche en un aparcamiento situado junto al muelle. Sin embargo, el Departamento de Policía de Los Ángeles se había implicado cuando las pruebas de la escena del crimen condujeron a Alonzo Winslow, residente en South L. A. Siguiendo el protocolo establecido, el departamento de Santa Mónica contactó con el de Los Ángeles y se recurrió a un equipo de detectives del South Bureau directamente familiarizado con el terreno para localizar a Winslow, detenerlo y luego entregarlo a Santa Mónica. Napoleon Braselton era uno de los tipos del South Bureau. Lo llamé y fui franco con él; bueno, casi del todo.

– ¿Recuerdas la detención de hace dos semanas por lo de la chica en el maletero? -pregunté.

– Sí, eso es de Santa Mónica -contestó-. Nosotros solo ayudamos.

– Lo sé. Detuvisteis a Winslow por ello; por eso te estoy llamando.

– Sigue siendo su caso, tío.

– Ya, ya, aunque no puedo localizar a Walker y no conozco a nadie más en ese departamento. Pero te conozco a ti. Y quiero preguntarte por la detención, no sobre el caso.

– ¿Qué? ¿Hay una denuncia? No tocamos a ese chico.

– No, no hay ninguna denuncia. Por lo que sé, fue una detención correcta. Solo quiero encontrar la casa del chico. Quiero ver dónde vivía, quizás hablar con su madre.

– De acuerdo, pero vivía con su abuela.

– ¿Estás seguro?

– La información que recibimos era que estaba con su abuela. Nosotros fuimos los lobos malos que llamamos a su casa. No había padre en la foto y la madre entraba y salía. Vivía en la calle; rollos de drogas.

– Vale, entonces hablaré con la abuela. ¿Dónde está la casa?

– ¿Vas a pasar a saludarla?

Lo dijo con tono de incredulidad; porque yo era blanco y no sería bienvenido en el barrio de Alonzo Winslow.

– No te preocupes, iré con alguien. La unión hace la fuerza.



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