
– ¿Recuerdas la detención de hace dos semanas por lo de la chica en el maletero? -pregunté.
– Sí, eso es de Santa Mónica -contestó-. Nosotros solo ayudamos.
– Lo sé. Detuvisteis a Winslow por ello; por eso te estoy llamando.
– Sigue siendo su caso, tío.
– Ya, ya, aunque no puedo localizar a Walker y no conozco a nadie más en ese departamento. Pero te conozco a ti. Y quiero preguntarte por la detención, no sobre el caso.
– ¿Qué? ¿Hay una denuncia? No tocamos a ese chico.
– No, no hay ninguna denuncia. Por lo que sé, fue una detención correcta. Solo quiero encontrar la casa del chico. Quiero ver dónde vivía, quizás hablar con su madre.
– De acuerdo, pero vivía con su abuela.
– ¿Estás seguro?
– La información que recibimos era que estaba con su abuela. Nosotros fuimos los lobos malos que llamamos a su casa. No había padre en la foto y la madre entraba y salía. Vivía en la calle; rollos de drogas.
– Vale, entonces hablaré con la abuela. ¿Dónde está la casa?
– ¿Vas a pasar a saludarla?
Lo dijo con tono de incredulidad; porque yo era blanco y no sería bienvenido en el barrio de Alonzo Winslow.
– No te preocupes, iré con alguien. La unión hace la fuerza.
