Me hizo preguntas sobre lo que íbamos a hacer y le conté todo lo que pude, aunque de momento no tenía gran cosa en marcha. Le dije que la mujer a la que íbamos a ver se había quejado de mi artículo en el que había llamado asesino a su nieto. Esperaba encontrarla y decirle que trataría de refutar los cargos presentados si ella y su nieto accedían a cooperar conmigo. No le conté el verdadero plan; supuse que era lo bastante listo como para imaginárselo.

Lester asintió cuando terminé y circulamos el resto del camino en silencio. Llegamos a Rodia Gardens a eso de la una y el barrio estaba en calma. Todavía no habían terminado las clases en la escuela y el mercadeo de la droga no empezaba en serio hasta después de anochecer. Los camellos, drogadictos y pandilleros aún estaban durmiendo.

El complejo era un laberinto de viviendas de dos plantas pintadas en dos tonos: marrón y beis en la mayoría de los edificios, y lima y beis en el resto. No había arbustos ni árboles ante las casas, porque estos podrían usarse para esconder drogas y armas. En general, el lugar tenía el aspecto de una comunidad recién construida donde todavía no habían puesto los extras; solo tras una inspección más cercana quedaba claro que no había pintura reciente en las paredes y que los edificios no eran nuevos.

Encontramos la dirección que me había dado Braselton sin dificultad. Correspondía a la planta superior de un apartamento que hacía esquina, con la escalera en el lado derecho del edificio. Lester sacó una bolsa grande y pesada donde llevaba el material fotográfico y cerró el coche.



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