
Me miró con expresión socarrona y pensé que o bien estaba confundida o pensaba que la estaban engañando. Traté de seguir adelante para que no se quedara pensando demasiado en lo que había dicho.
– Señora Sessums, si he de investigar esto, ha de llamar al señor Meyer y pedirle que coopere conmigo. Tendré que revisar el sumario del caso y todos los hallazgos.
– Hasta ahora no ha encontrado nada, aunque va por ahí diciendo a la gente que se calme, nada más.
– Me refiero al término legal. El estado, o sea el fiscal, ha de entregar toda la documentación y las pruebas a la defensa para que las vea. Tendré que revisarlo todo si he de trabajar para sacar a Alonzo.
La señora Sessums no parecía estar prestando atención a lo que le acababa de decir. Sacó lentamente la mano del cesto de ropa. Sostenía unas bragas de color rojo. Las apartó como si fueran la cola de una rata muerta.
– ¡Será idiota! Esta chica no sabe con quién está jugando. Escondiendo el rojo… Es tonta y media si cree que no le va a pasar nada.
Se acercó al rincón de la habitación, pisó el pedal de una papelera y echó la rata muerta dentro. Yo asentí con la cabeza como si lo aprobara y traté de volver a encarrilarme.
– Señora Sessums, ¿ha entendido lo que he dicho sobre los hallazgos? Voy a…
– Pero ¿cómo va a decir que mi Zo es inocente si saca la información de la pasma y mienten como la serpiente del árbol?
Tardé un momento en responder mientras consideraba su uso del lenguaje y la yuxtaposición de jerga de la calle y referencias religiosas.
