Me quedé parada con el recogedor lleno de cristales rotos.

– Entonces ¿por qué no se han llevado nada? -pregunté-. El televisor sigue en el salón. La radio despertador aún está en su sitio y el microondas en la cocina.

– Quizá haya sido afortunada -respondió Sewell, mirándome con aire pensativo. Se limpió las gafas con un pañuelo blanco-. O a lo mejor los asaltantes eran tan jóvenes que les bastaba con colarse. Quizá se asustaron a media travesura. Quién sabe.

– Dígame una cosa. -Me senté en una de las camas y él hizo lo mismo en la otra. La tormenta de la mañana (las cortinas estaban empapadas) había eliminado todo lo que hacía de esa estancia algo acogedor. Apoyé la escoba en mi rodilla y dejé el recogedor en el suelo-. ¿Qué pasó con esta casa tras la muerte de Jane? ¿Quién pudo entrar? ¿Quién tiene las llaves?

– Jane murió en el hospital, por supuesto -comenzó Sewell-. La primera vez que ingresó, aún estaba convencida de que podría volver, así que me dijo que contratara a una asistenta para que viniera a limpiar…, sacar la basura, tirar los alimentos perecederos y esas cosas. El vecino de al lado, Torrance Rideout, ¿lo conoce?, se ofreció para cuidar de su jardín, así que le facilité una llave para el almacén y el cuarto de herramientas, al que se accede por la puerta del fondo de la cochera.

Asentí.

– Pero esa era la única llave que tenía -matizó el abogado, volviendo al tema-. Entonces, unos días más tarde, cuando Jane supo que no volvería a su casa…

– La visité en el hospital y nunca me dijo una sola palabra -murmuré.

– No le gustaba hablar de ello. «¿Qué hay que decir?», me preguntaba. Creo que tenía razón. Pero en fin… Mantuve la luz y el gas (la calefacción va a gas, todo lo demás es eléctrico), pero vine a desenchufarlo todo, excepto el congelador, que está en el cuarto de las herramientas, lleno de comida. Anulé la suscripción a los periódicos e hice que conservaran su correspondencia en la oficina de correos para recogérsela y llevársela personalmente; no era ninguna inconveniencia, ya que también tengo que recoger el mío…



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