– Ya hemos terminado, señorita Teagarden -anunció el marido del equipo matrimonial.

Me arranqué de mi propio estupor.

– Envíen la factura a Bubba Sewell al edificio Jasper. Aquí tienen la dirección -dije, arrancando una hoja de un bloc que Jane había dejado junto al teléfono. ¡El teléfono! ¿Estaba conectado? No, según pude descubrir cuando se marchó el equipo de reparación. Sewell lo había considerado un gasto innecesario. ¿Debería volver a darlo de alta? ¿Con qué nombre? ¿Podía permitirme tener dos números de teléfono, uno allí y otro en mi adosado?

Ya había tenido bastante herencia por ese día. Justo cuando miraba la puerta principal, oí unos pasos avanzando rápidamente por el césped. Resultó ser un hombre de amplios pectorales proveniente de la casa de la izquierda.

– Hola -dijo apresuradamente-, veo que eres nuestra nueva vecina.

– Tú debes de ser Torrance Rideout. Muchas gracias por cuidar tan bien del jardín.

– Bueno, de eso quería preguntarte. -De cerca, Torrance Rideout parecía un hombre que había sido guapo en el pasado pero que no había perdido todo su atractivo. Su pelo era marrón con apenas unas vetas grises y su barba parecía lo bastante hirsuta como para necesitar un par de afeitados diarios. Tenía un rostro escarpado, ojos marrones rodeados por lo que pensé que eran arrugas provocadas por el sol, piel morena y un llamativo polo verde y pantalón corto azul marino-. Mi esposa Marcia y yo lamentamos profundamente lo de Jane. Era una vecina maravillosa y estamos muy apesadumbrados por su muerte.

No me sentía la persona adecuada para aceptar las condolencias de nadie, pero tampoco estaba dispuesta a explicar que había heredado la casa de Jane no porque fuésemos grandes amigas, sino porque Jane quería a alguien que pudiese recordarla durante mucho tiempo. Así que me limité a asentir, esperando que fuese suficiente.



30 из 167