
– ¿Con quién? -pregunté sin pensar demasiado para apartar mi propia conversación con el abogado.
– Primero con Carey Osland. No sé si la conoces; vive justo al lado de Jane… ¿Recuerdas lo que le ha pasado a Carey últimamente, con su segundo marido, Mike Osland? Se fue una noche a por pañales, después de que Carey diera a luz a su niña, y nunca regresó. Carey hizo que lo buscasen por todas partes; era incapaz de creerse que fuera capaz de irse sin más, pero así debió de ser.
– Pero ¿antes de Mike Osland, Carey estuvo casada con Bubba Sewell?
– Eso es. Durante un corto periodo, no tuvieron hijos. Entonces, al cabo de un año, Bubba se casó con una chica de Atlanta. Su padre era un abogado importante; todo el mundo pensó que sería bueno para su carrera. -Lillian no se molestó en recordar el nombre, ya que la chica no era natural de Lawrenceton y el matrimonio no duró demasiado-. Pero no salió bien; ella le engañaba.
Lancé vagos sonidos de decepción para que Lillian prosiguiera.
– Entonces (espero que esta te guste), empezó a salir con tu amiga Lizanne Buckley.
– ¿Salió con Lizanne? -repetí, sorprendida-. Hace mucho que no sé nada de ella. Hace tiempo que hago que me manden las facturas de la electricidad al buzón y no las recojo personalmente, como hacía antes.
Lizanne era la recepcionista de la compañía eléctrica. Era guapa y agradable, un poco lenta, pero segura, como la miel abriéndose paso inexorablemente por una tortita de mantequilla. Sus padres habían muerto el año anterior, y durante un tiempo eso había dibujado una franja de arrugas en su frente perfecta y marcas de lágrimas en sus mejillas blanco magnolia. Pero, poco a poco, había logrado acompasar su preciosa rutina con ese terrible cambio, poniendo toda su voluntad para olvidar el episodio más horrible de su vida. Vendió la casa de sus padres, se compró una igual con las ganancias y reanudó su carrera de rompecorazones. Bubba Sewell debió de ser un optimista y un adorador de la belleza cuando decidió salir con la reconocidamente intocable Lizanne. No me lo hubiese esperado de él.
