
Fuese lo que fuese, estaba en el asiento de la ventana saliente.
Jane lo había enmoquetado para que nadie pensase que pudiera contener algo, para hacerlo pasar como un complemento de la estancia, un lugar agradable donde colocar unos bonitos cojines o una planta. El instalador le había hecho un buen trabajo. Me costó lo mío lidiar con la moqueta. Vi a Torrance Rideout salir de su camino privado, echar un vistazo a la casa y marcharse al trabajo. Una mujer guapa y algo entrada en carnes paseaba a un dachshund por la calle, dejando que hiciese sus cosas en mi jardín, me percaté con indignación. Tras pensarlo un momento, la reconocí mientras tiraba y arrancaba la moqueta rosa con motivos azules. Era Carey Osland, exmujer de Bubba Sewell y de Mike Osland, el hombre que había huido de una manera espectacularmente cruel. Carey debía de vivir en la casa de la esquina con las rosas colgantes del porche delantero.
Me centré en lo mío, procurando no especular sobre lo que había escondido en el asiento de la ventana y finalmente aflojé la moqueta lo suficiente como para agarrar un extremo con ambas manos y tirar con fuerza.
Efectivamente, la ventana saliente contenía un asiento con una tapa con goznes. Tenía razón. Entonces ¿por qué no me sentía triunfadora?
Fuese lo que fuese lo que había en la casa, era problema mío, según palabras de Bubba Sewell.
Cogí aire antes de levantar la tapa y observar el interior del asiento. El sol iluminó el hueco, rociando su contenido con un suave brillo matinal. Había una funda de almohada amarillenta con algo redondo en su interior.
