– Bueno -inspiró Carey antes de resoplar-, supongo que será mejor que me prepare para ir al trabajo.

– Gracias por pasarte -dije tan afectuosamente como pude-. Seguro que nos volvemos a ver en cuanto me asiente un poco aquí.

– Como te he dicho, estoy justo al lado, así que si me necesitas no dudes en pasar. Mi hija está en un campamento de verano hasta este fin de semana, así que estaré sola.

– Muchas gracias, puede que te tome la palabra -dije, intentando mostrar mi buena disposición y sentido del vecindario para suavizar el hecho de que no deseaba prolongar más la conversación ni que se quedara por más tiempo, cosas con las que temía haber sido ofensivamente explícita.

Mi suspiro de alivio fue tan sonoro cuando cerré la puerta tras ella que temí que me hubiera oído.

Fui al asiento de la ventana y me tapé la cara con las manos, tratando de que se me ocurriera una idea.

La dulce, frágil y canosa Jane Engle, bibliotecaria escolar y feligresa, había asesinado a alguien y depositado su cráneo en un asiento de la ventana. Luego había enmoquetado el asiento para que nadie tuviese la ocurrencia de mirar dentro. La moqueta se encontraba en un estado excelente, pero no era nueva. Jane había vivido en esa casa, con una calavera, durante varios años.

Solo hacerse a esa idea ya era una tarea difícil.

Tenía que llamar a la policía. De hecho, mi mano descolgó el auricular del teléfono antes de recordar que la línea estaba desconectada y que estaba en deuda con Jane Engle. Una gran deuda.

Jane me había dejado la casa, el dinero y la calavera.

No podía llamar a la policía y exponer a Jane como una asesina. Ella había contado con eso.

No pude resistirme a abrir de nuevo el asiento de la ventana.

– ¿Quién demonios eres tú? -pregunté a la calavera. No sin cierto remilgo, la levanté con ambas manos. No era blanca, como los huesos en las películas, sino marrón. Desconocía si pertenecía a un hombre o a una mujer, pero la causa de la muerte parecía obvia: había un agujero en la parte de atrás, un agujero con los bordes dentados.



41 из 167