– Sí, tengo tiempo -dije juiciosamente al cabo de una pausa. Era un farol para que el señor Sewell no pensase que era una mujer sin nada que hacer.

Lo cierto es que poco me faltaba para serlo. Un recorte del presupuesto había significado que, para que la biblioteca permaneciese abierta el mismo número de horas, parte de la plantilla tenía que pasar a tiempo parcial. Quería pensar que la primera en sentir el hacha había sido yo por haber sido la última en ser contratada. Ahora solo trabajaba entre dieciocho y veinte horas semanales. Menos mal que no tenía que pagar un alquiler y que tenía un pequeño sueldo como administradora de uno de los inmuebles de mi madre (de hecho, una fila de adosados), porque, de lo contrario, mi situación habría sido muy desesperada.

El señor Sewell me dio unas indicaciones tan precisas para llegar a su despacho que no me habría perdido aun intentándolo. Es más, insistió en que lo siguiera hasta allí. Durante todo el trayecto, puso los intermitentes con tanta antelación que casi giré donde no debía. Además, no paró de hacer indicaciones a través de su espejo retrovisor a la espera de que acusase recibo con algún gesto mío. Dado que siempre había vivido en Lawrenceton, resultó algo innecesario e intensamente irritante. Lo único que me impedía embestir la parte trasera de su coche y luego pedirle disculpas con mucho drama y pañuelos era la curiosidad por lo que iba a contarme.

– No ha costado mucho llegar, ¿eh? -dijo animoso mientras me apeaba del coche en el aparcamiento del edificio Jasper, uno de los bloques de oficinas más antiguos de la ciudad y punto de referencia de mi infancia.

– No -respondí escuetamente, desconfiando de lo que pudiera salir de mi boca.

– Estoy en la segunda planta -anunció el abogado Sewell, supongo que por temor a que me perdiera entre el aparcamiento y la puerta principal. Me mordí el labio y me subí al ascensor en silencio mientras Sewell mantenía una conversación de trámite sobre la asistencia al funeral, cómo afectaría la pérdida de Jane a todo el mundo, el tiempo y por qué le gustaba tener el despacho en el edificio Jasper (la atmósfera… Mucho mejor que en los edificios prefabricados).



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