Entonces Daphne Chornik se levantó de un salto. ¡Jamás la había visto moverse con tal rapidez! En un segundo se plantó frente a la pobre Margaret, le arrancó los papeles de las manos y yo… yo nunca había oído hablar así a Daphne. Quiero decir que entre nosotras siempre nos burlamos un poco de ella porque iba tan a menudo a la iglesia y siempre nos sermoneaba acerca de las buenas acciones, y la verdad es que teníamos que medir nuestras palabras cuando ella andaba cerca. Pero en ese momento rompió en pedazos los papeles de la OSH, mientras acusaba a Nathan Kelly de haber utilizado sus influencias en Washington, porque además de ser presidente de Chubb, algún antepasado suyo había llegado en el Mayflower. Después dijo que era ella quien debía haber sido elegida por la OSH, porque habría educado a su segundo hijo en el temor y en el amor a Dios, como había hecho con Stacy, mientras que Margaret y Nathan no le enseñarían más que a ser un ateo. Añadió que nosotras vivíamos de una forma profana y malvada, que desafiábamos las leyes de Dios, que nuestro país no tenía el menor derecho a firmar el Tratado de Delhi y que no comprendía cómo Dios había permitido que sus representantes espirituales apoyaran ese tratado. Y, acto seguido, comenzó a vomitar las peores palabras que se pueda imaginar y que nunca sospeché que ella conociera. ¡Si usted supiera lo que dijo del pobre Gus Rome, del Papa Benedicto y del reverendo Leavon Knox Black!

– ¡Muy interesante! -comentó el doctor Christian, sintiendo que en ese momento ella esperaba que le diera alguna opinión.

– En ese momento, Candy Fellowes se puso en pie de un salto y empezó a atacar a Daphne. Le dijo que quién se había creído que era y que con qué derecho atacaba a Gus Rome, que era el mejor Presidente de todos los tiempos. Después empezó a decir a voz en grito que despreciaba a los beatos porque no era más que un hato de hipócritas que se agujereaban las medias de tanto rezar arrodillados, pero que después, no dudaban en pisar a cualquiera con tal de ganar un dólar o de ascender un poco en la escala social. ¡Dios mío! Creí que iban a sacarse los ojos.



11 из 402