
– ¿Costillas de cordero, mamá? ¡Estupendo! -Miriam era inglesa y muy cuidadosa en sus modales y lenguaje. Inspiraba una especie de temor religioso a los miembros de la familia Christian, no sólo porque era considerada como la mejor terapeuta, sino porque además era una renombrada lingüista. Su broma más reiterada era que no sólo hablaba francés, alemán, italiano, español, ruso y griego, sino también norteamericano, y los Christian la querían tanto, que nunca se atrevieron a decirle que esa broma ya no resultaba graciosa.
Mamá se había encargado de todo, por supuesto. Ella creó ese grupito notablemente eficaz y autosuficiente para que complementara a su hijo mayor y más querido. Independientemente de la profesión que Joshua hubiera elegido, mamá habría incitado a James, Andrew y Mary para que se dedicaran a la misma actividad y pudieran así ayudarle. La medida de su éxito en el lavado de cerebro que había hecho a sus hijos menores se notaba en la elección de esposas hecha por James y Andrew, pues ambos se habían casado con mujeres altamente cualificadas para unirse a la actividad y al grupo familiar. Hacía falta una terapeuta profesional en la clínica y James se casó con una. Andrew se casó con una experta en tests psicológicos, pues la clínica necesitaba una. Ambas mujeres habían asumido encantadas el hecho de que se cediera el primer lugar a mamá y se conformaban con que sus maridos le cedieran el primer lugar a Joshua. Mary nunca se rebeló contra su mediocre destino de oficinista, ni siquiera cuando muchos años atrás Joshua le ofreciera su apoyo frente a mamá para mejorar su posición.
