
Si el doctor Joshua hubiera advertido alguna señal de descontento, habría pasado por encima de la autoridad de su madre en beneficio de aquéllos a quienes consideraba más como hijos que como hermanos, pues a pesar de que quería y admiraba mucho a su madre, reconocía sus deficiencias y sabía que no era una mujer demasiado inteligente y que a veces le faltaba criterio. Pero nunca se vio obligado a librar una batalla por su familia, pues ninguna tensión había empañado jamás la alegría y la satisfacción que a todos les producía vivir y trabajar juntos. Así que agradecido, no sin cierta perplejidad, Joshua había aceptado la posición de jefe de familia, que su madre le había asignado.
Se sentaron a cenar en el comedor. Mamá se sentó en el extremo de la mesa que quedaba más cerca de la cocina; Joshua, en la cabecera opuesta; a un lado estaban Mary, James y Miriam; al otro Andrew y Martha. Mamá había decidido que no debía hablarse de asuntos de trabajo hasta que la comida hubiera llegado a su fin y se hubiera servido el café y el coñac, regla que todos respetaban escrupulosamente, pero que, de hecho, provocaba largos silencios porque, a excepción de mamá, todos trabajaban en la clínica de la casa contigua y prácticamente no salían de los edificios de la calle Oak. Sólo podía hablarse de temas positivos, con lo cual quedaban igualmente suprimidos los temas de actualidad mundial o nacional, estatal o urbana, porque siempre resultaban depresivos, a menos que en ese día se hubiera llegado a algún hito importante en el largo trayecto hacia el Equilibrio de la Energía de la Población Humana del Mundo.
Todos disfrutaron de la comida porque estaba apetitosa y bien presentada. Mamá era una artista desde el punto de vista culinario y había enseñado a sus hijos a apreciar las cosas refinadas que todavía podían obtenerse. En este sentido, su batalla más difícil la libró con Joshua, al cual nunca le preocuparon demasiado sus necesidades materiales, la comodidad o la autoindulgencia, no porque tuviera tendencias masoquistas, ni porque fuera excesivamente austero: simplemente, eran aspectos de la vida que no le interesaban.
