
Sonó el interfono.
La madre del doctor contestó antes de que él llegara a hacerlo, escuchó un instante y, tras pronunciar unas palabras de agradecimiento, cortó la comunicación.
– Dice James que si no estás muy ocupado, le gustaría que fueras hacia allí. Ha venido la señora Fane con otra de las Pat-Pat.
Probablemente debería ver a James antes de reunirse con la señora Patti Fane y la otra Pat-Pat, así que decidió subir un piso y pasar al 1.045 por el puente, evitando así la sala de espera.
Como era previsible, James le esperaba al final del pasadizo.
– No me digas que ha recaído, porque no lo creería -comentó el doctor Christian mientras caminaba con su hermano hacia su consultorio, situado en la parte delantera del segundo piso.
– Al contrario, lo ha superado estupendamente bien -comentó James.
– Entonces, ¿cuál es el problema?
– La haré subir. Ella te lo explicará mejor personalmente.
Cuando James hizo pasar a la señora Patti Fane al consultorio, el doctor Christian no estaba sentado detrás del enorme escritorio que ocupaba por completo un ángulo de la habitación, sino en el sofá destartalado, más amistoso y acogedor.
– ¿Qué sucedió? -preguntó él sin más preámbulos.
– ¡Fue un desastre! -contestó la señora Fane, sentándose al otro extremo del sofá.
– Cuéntemelo.
– Bueno, todo empezó bien. Después de cuatro meses de ausencia, todas las chicas se alegraron de verme y les impresionó la tapicería que había hecho. Milly Thring -creo que nunca le he comentado lo tonta que es- no logró reponerse cuando se enteró de que estoy ganando dinero haciendo restauraciones para anticuarios.
