
– Es muy comprensiva -dijo Qadir-. Aunque no sea más que una fachada.
Ella se puso tensa.
– No estoy fingiendo.
– ¿Quiere decir que no está enfadada con Jon por haberla sustituido tan fácilmente?
– En absoluto -dijo; entonces, Maggie suspiró-. Bueno, un poco sí, pero no tanto. La verdad es que no lo quiero para mí.
– Pero debería haber tenido la cortesía de esperar un poco antes de buscar al amor de su vida.
– Si estuviera de acuerdo con eso parecería un bicho.
– Yo más bien diría humana.
– Soy una persona dura emocionalmente.
Al menos lo intentaba. Hacía poco más de un mes había tenido una depresión nerviosa. Sin saber a quién llamar, al final había llamado a Jon hecha un mar de lágrimas, sollozando y temblando de dolor. Le dolía todo, tanto la pérdida de su padre como la de su mejor amigo.
Jon, siendo Jon, había ido a consolarla, y cuando la había abrazado, ella había querido más y había empezado a besarlo y…
Maggie salió al balcón y contempló el paisaje sereno. Le avergonzaba tanto pensar en esa noche. Había seducido a Jon para olvidarse de todo su dolor, y a lo mejor también un poco para comprobar que aún era capaz de hacerlo.
En ese momento, Jon sólo llevaba un par de semanas saliendo con Elaine, pero Maggie había notado que iban en serio. En parte había sido su última oportunidad de estar con él.
Cuando terminaron, ninguno de los dos supo qué decir. Ella se había disculpado, y él le había dicho que era totalmente innecesario. Pero desde que había pasado eso, Maggie notaba que había entre ellos cierta tensión.
·La vida es muy complicada -dijo ella.
·Estoy de acuerdo -respondió Qadir.
Ella lo miró.
– No busque comprensión en mí, príncipe Qadir.
– Con eso quiere decirme que por ser una persona rica y privilegiada no tengo derecho a quejarme.
– -Más o menos.
·-Tiene usted muchas normas.
