
– Me gustan las normas
– Y a mí trasgredirlas.
Era de esperar, pensaba Maggie mientras esbozaba una sonrisa.
– Pues claro.
Él se echó a reír.
– Sigo sin intimidarla. ¿Qué es lo que me ha llamado? Un hombre con un coche y una libreta de cheques, ¿no?
– ¿La reverencia es una parte importante de mi empleo?
– En absoluto. Si quiere puede llamarme por mi nombre de pila, sin utilizar el título.
– Es un honor para mí.
– No lo es, pero debería serlo -avanzó hacia ella y le rozó la mejilla-. No llore por un hombre que es lo bastante tonto como para dejar escapar un premio como usted. Nació siendo un necio, y morirá siendo un necio. Buenas noches, Maggie.
Qadir desapareció tan rápidamente que Maggie se quedó sorprendida, aturdida al mismo tiempo tanto por su gesto comprensivo como por sus palabras.
Quería protestar, decir que Jon no era un necio, que en realidad era un hombre inteligente. Pero en el fondo, le había gustado la actitud de Qadir en aquel asunto.
Capítulo 2
MAGGIE terminó de arreglarse y se entretuvo un momento, sin saber si tenía que bajar al garaje o esperar a que alguien la llamara.
Cuando finalmente se disponía a salir, alguien llamó a la puerta. Maggie abrió y vio a una mujer rubia muy guapa más o menos de su edad en el pasillo.
– Hola -dijo la otra-. Eres Maggie, ¿no? Soy Victoria McCallan, la secretaria del príncipe Nadim; soy paisana tuya, y de momento tu guía para todo lo que quieras saber y hacer en el palacio. Llámame Victoria, Vicki no me gusta mucho.
Victoria hablaba con una sonrisa en los labios. Era un poco más baja que Maggie, incluso con aquellos horribles tacones. Llevaba una blusa hecha a medida y una falda negra corta. Tenía la piel perfecta, las uñas largas y pintadas y una melena de pelo rizado que le llegaba por los hombros. Era la esencia de la femineidad. Maggie se sintió de pronto demasiado alta y torpe.
