Yo ya había aprendido que lo mejor era escuchar y callar, a menos que aportara una solución, ¿pero qué podía hacer frente a la inalcanzable Federación de Patinaje Artístico? Nada, obviamente. Dejar que pasara el tiempo. Y mientras tanto saborear los instantes en que estábamos juntos, que ya eran diarios, y mirarla, y disfrutar de los días maravillosos de Z, y ser feliz. ¿Si me insinué durante este período? Nunca. No sé si fue por falta de valor, por miedo a estropear nuestra amistad, por indolencia o por timidez, pero creí prudente dejar un margen aún más amplio de tiempo. Uno labra su propia desgracia, ya lo he oído, mientras tanto era el perfecto chevalier servant y no me disgustaba. Salíamos al cine, a tomar copas o a pasear en coche, a veces cenábamos en su casa, con su madre y una hermanita de diez años, Laia, quienes me recibían, no sé, como el novio, o el futuro novio, supongo, nunca terminé de entenderlo, en cualquier caso siempre de forma muy amable y familiar. Después de cenar veíamos un video, generalmente era yo quien lo llevaba, o bien nos quedábamos solos en la salita mirando su álbum de recortes y fotos. Unas veladas agradables. Muchas veces pensé que en ese momento debí plantarme, decir hasta aquí llego, soy feliz, qué más puedo pedir; pero el amor, que no entiende de razones ni de plantes, me empujaba. Así fue como fatalmente empezó a tomar forma el proyecto del Palacio Benvingut…

Remo Morán: Ahora ya es inútil que intente arreglar lo que no tiene arreglo

AHORA YA ES INÚTIL que intente arreglar lo que no tiene arreglo, sólo me propongo aclarar mi participación en los hechos acaecidos el pasado verano en Z.



17 из 153