– Por lo general así es.

Mientras lo miraba, recordó varias conversaciones con Julia, que no cejaba en su intento de que volviera a salir con alguien.

«De verdad, Brooke. Con ese pelo rubio y esos ojos verdes, eres arrebatadora. No tiene sentido que te niegues a darle una oportunidad a los chicos de por aquí. Creo que estás tan decidida como mi primo a quedarte soltera. No solo es el soltero más guapo de Montana, sino que también es el varón más esquivo del planeta. Haríais una estupenda pareja, ¿lo sabías? Si los dos no fuerais tan obstinados, probablemente averiguaríais que erais perfectos el uno para el otro».

– Lo… lo siento -susurró al darse cuenta de que aún le apuntaba a la cara. Sintiéndose un poco tonta, apoyó el rifle sobre el hombro izquierdo-. Por favor, pasa.

– Gracias.

Hacía mucho tiempo que no era tan consciente de un hombre. Debía tener treinta y tantos años. En comparación, Mark había sido un muchacho a su lado.

En un momento tan precario como el que vivía, la asombró pensar de ese modo en el primo de Julia, quien por motivos propios no tenía deseos de relacionarse con una mujer. Podía entenderlo. Después del rechazo de Mark, tampoco ella quería volver a sentirse vulnerable.

Mientras volvía a dejar el rifle sobre la chimenea, él entró y cerró la puerta. Al observar el árbol de Navidad, Brooke se percató de que sus ojos eran como los de Julia. El pecho ancho se expandió cuando aspiró los aromas agradables procedentes de la cocina. Algo le dijo que llevaba mucho rato bajo la tormenta y que disfrutaba de ese descanso de los duros elementos.

– Por favor, ponte cómodo -encendió una lámpara para dar más luz.

– Ojalá no hubieras hecho eso -musitó mientras se quitaba el anorak con gracilidad masculina-. Siento como si hubiera entrado en una postal navideña.

Unos escalofríos inexplicables le recorrieron la piel. Volvió a contener el aliento cuando él se quitó el sombrero para revelar una saludable mata de pelo que brillaba como castañas oscuras y lustrosas al fuego. Era aun más atractivo de lo que había imaginado. Julia no había exagerado los encantos de su primo. De hecho…



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