– ¿Dónde está la pequeña?

– Se esconde en la cocina. ¿Cómo es que te encuentras en West Yellowstone? Si no recuerdo mal, Julia dijo que el resto de su familia también vivía en Great Falls.

– Es verdad -se sentó en uno de los sillones-. Pero, yo pertenezco al Grupo de Operaciones Especiales del departamento del marshal. La naturaleza de mi trabajo me lleva por todo el país. Rara vez estoy en casa.

«¿Por qué no deseas estar allí?», se preguntó Brooke, sin poder evitar sentir curiosidad por un hombre tan inaccesible.

– Sigo una pista nueva de un caso de dos años de antigüedad. Esta noche me ha traído a la ciudad. Cuando encontré el coche en cuestión abandonado en medio de la calle, llamé a la policía local y descubrí que Julia trabajaba en la centralita de la policía. En cuanto me habló de la niña que habías encontrado, todo encajó en su sitio, en particular cuando solicité detalles y me enteré de que la pequeña tenía unos cinco años y hablaba con acento sureño.

»Después solicité una orden de busca y captura del hombre que había conducido el coche abandonado y le dije a Julia que vendría aquí a hablar con la niña. Su testimonio podría brindarnos información que necesitamos.

– Ahora mismo Sarah está tan aterrada que no sé de cuánta ayuda podrá ser -juntó las manos-. ¿Puedes contarme algo sobre este caso antes de que le pida que venga al salón?

La observó pensativo antes de asentir.

– Quizá me equivoque, pero podría ser la pequeña que fue robada hace un par de años por dos asesinos convictos de Misisipí -el jadeo de Brooke reverberó por el salón-. Escaparon mientras unos federales los transportaban a otro estado.

Al pensar en Sarah a merced de lunáticos como esos, Brooke no pudo quedarse sentada.



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