– Tienes razón -musitó con profunda convicción.

Brooke notó que su desilusión era tan intensa como la suya. Saber que se había quemado con una relación amorosa fallida tocó una fibra sensible en su interior. Una vez despierta su compasión, no tuvo deseos de burlarse.

– Creo que he dejado sola a Sarah demasiado tiempo. Quizá si te quitaras la placa y el arma, no note tu uniforme. Puedes guardar todo, incluyendo el sombrero y el anorak, en el armario de la entrada.

Volvió a evaluarla detenidamente.

– Buena idea. Si necesito protegerte, siempre puedo recurrir al rifle.

El comentario devolvió a Brooke a la realidad.

– ¿Crees que ese asesino anda buscando a Sarah?

– Probablemente no -la alegría abandonó sus ojos-. Se trata de un fugitivo desesperado. Como ella ha podido escapar de él, seguro que seguirá huyendo. Tengo el pálpito de que se ha dirigido al Parque. Lo capturaremos.

La convicción en su profunda voz le provocó un temblor diferente por el cuerpo. Pudo entender el miedo que sentiría alguien si se hallara del lado equivocado de la ley. Vance irradiaba una seguridad y autoridad que poseían pocos hombres.

Al sentir la necesidad de hacer algo con las manos, alargó el brazo hacia el casete y le dio la vuelta.

– Iré a comunicarle a Sarah que te quedarás a cenar. Puedes ir a refrescarte al cuarto de baño de invitados. Es la primera puerta a la derecha por el pasillo -sin aguardar una respuesta, se dirigió a la cocina-. ¿Sarah? -llamó-. No debes sentir miedo. Ha venido uno de mis buenos amigos… -calló al darse cuenta de que no había rastro de la pequeña.

Quizá se escondía bajo la mesa. Pero al levantar el borde del mantel rojo para echar un vistazo, no encontró nada. «Por favor, no me digas que estabas tan aterrada que te lanzaste a la tormenta desde la puerta de atrás».



18 из 64