Nada será tan sencillo como ella supone. No sé si es porque me falta seguridad, o por el mal carácter de esta dichosa vaca asiática, que, salta a la vista, no tiene la más mínima intención de dejarse toquetear las ubres por el primer desconocido que pase por ahí, pero el caso es que cada vez que extiendo la mano hacia ella, el animal avanza un paso o retrocede otro… Recurro a todas las estrategias que se me ocurren: intento de seducción, sermón autoritario, súplica, enfado, mohín… Tanto da, todo lo que yo haga le trae sin cuidado.

La persona que viene a socorrerme tiene sólo cuatro años. Esto no dice mucho de mí, más bien al contrario, pero es así, qué le voy a hacer.

La niña de las mejillas rojas y redondas como manzanas aparece de pronto en mitad del campo; creo que lleva ya un buen rato ahí, divirtiéndose con el espectáculo, y habrá reprimido a duras penas la bonita carcajada que ha delatado su presencia. Como para disculparse por haberse reído de mí, se acerca, me regaña con un pequeño empujón, coge la ubre del yak con un gesto vivo y se echa a reír otra vez con ganas, mientras un chorro de leche cae salpicando en el cubo. De modo que era así de fácil, ahora tengo que responder al reto que me impone, a la vez que me empuja hacia el flanco del animal. Me arrodillo, la niña me observa y aplaude cuando consigo, por fin, que salgan unas gotitas de leche. Se tumba en la hierba, con los brazos en cruz, y se queda así, vigilándome. Pese a su corta edad, su presencia me resulta tranquilizadora. Esta tarde supone para mí un rato de paz y de alegría. Un poco más tarde bajamos juntos hacia el campamento.

Junto a la tienda en la que dormí anoche se levantan hoy otras dos más, ahora hay tres familias reunidas alrededor de una gran hoguera. Cuando voy en dirección al campamento con mi pequeña acompañante, los hombres vienen a nuestro encuentro; mi anfitrión me indica que siga mi camino. Me esperan las mujeres, ellos se van a reunir el ganado. Me siento algo humillado de que no cuenten conmigo para una misión mucho más viril que la que me han encomendado.



31 из 343