Tengo la frente bañada en sudor.

Frena, Adrian, te lo suplico.

Me pican los ojos.

No me lo puedo creer, estos tíos van a por nosotros.

¿Te has puesto el cinturón?

Tú contestaste que sí a esta pregunta que era más una súplica. El primer impacto nos proyectó hacia adelante. Cierro los ojos y vuelvo a ver tus dedos crispados sobre la puerta, la agarras con tanta fuerza que tus falanges están blancas. ¿Cuántas veces nos golpearon con sus parachoques antes de que las ruedas del 4 x 4 chocaran contra el parapeto, antes de que cayéramos al abismo?

Te besé mientras las aguas del río Amarillo nos sumergían, clavé mis ojos en los tuyos mientras nos ahogábamos, me quedé contigo hasta el último instante, amor mío.

Las curvas se suceden, en cada una pugno por dominar mis gestos, demasiado nerviosos, por controlar el coche, que no deja de dar bandazos. ¿Me he pasado la bifurcación donde un pequeño sendero lleva hasta el monasterio? Desde que emprendí este segundo viaje a China, ese lugar acapara todos mis pensamientos. No conozco a nadie en esta tierra extraña, tan sólo al lama que nos acogió entonces. ¿Quién sino él podrá proporcionarme alguna pista para encontrarte, quién sino él podrá darme alguna información que alimente mi escasa esperanza de que sigas con vida? Una foto tuya con una cicatriz en la frente es muy poca cosa, un trocito de papel que me saco del bolsillo mil veces al día. Reconozco a mi derecha la entrada del camino. He frenado demasiado tarde, el coche derrapa y tengo que dar marcha atrás.

Las ruedas del 4 x 4 se hunden en el barro otoñal. Ha llovido toda la noche. Aparco a la entrada del sotobosque y sigo a pie. Si mi memoria no me falla, cruzaré un vado y subiré la ladera de otra colina; una vez en lo alto, divisaré el tejado del monasterio.


He tardado una hora en llegar. En esta estación el caudal del arroyo es más abundante, y cruzarlo no ha sido fácil. Dos grandes piedras redondas y resbaladizas sobresalían apenas entre las aguas turbulentas. Si me hubieras visto en equilibrio en esa postura tan poco elegante imagino que te habrías burlado de mí.



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