Mientras servían la cena Cleo charló amigablemente con Jonathan, que así se llamaba el embajador. Le explicó que su esposa había regresado momentáneamente a los Estados Unidos para matricular a su hija mayor en la universidad y visitar a la familia.

Durante toda la conversación Cleo hizo lo posible por ignorar la mirada fija de Sadik. El príncipe era lo suficientemente educado como para conversar con las dos mujeres que tenía a cada lado, pero Cleo apostaba a que apenas escuchaba lo que le decían. Estaba demasiado ocupado mirándola a ella.

Cuando retiraron los platos del postre los camareros trajeron bandejas con botellas abiertas de champán. Sirvieron el espumoso y el rey Hassan hizo un brindis por su hija.

Cleo se unió al aplauso y llegado el momento se llevó la copa a los labios con mucho cuidado de no beber el contenido. Sentía una amalgama de emociones contradictorias. Por un lado se sentía profundamente feliz por su hermana. Zara se merecía todo lo mejor. Pero la certeza de que las cosas entre ellas no volverían a ser iguales le provocaba un vacío interior.

El Rey dio por concluida la cena invitando a todo el mundo a bailar en la pista. Cleo se levantó de la silla y escuchó los primeros acordes de la música. Pero sentía el estómago súbitamente revuelto y lo único que quería era salir corriendo hacia su habitación. Pero la cazaron cuando estaba a punto de alcanzar la puerta.

– El embajador americano está felizmente casado.

– Punto número uno: deja de aparecer siempre sin previo aviso. Es muy molesto -aseguró Cleo girándose hacia Sadik-. Punto número dos: lo sé todo sobre la esposa de Jonathan y sus hijas. Hemos pasado un rato muy agradable charlando, así que no te atrevas a convertirlo en algo sucio.

Los ojos oscuros de Sadik tenían una expresión indescifrable. Apretó ligeramente la mandíbula. Cleo temió durante un instante que la agarrara y se la colgara del hombro. Una parte de ella estaba deseando caer en la cama con él, por muy alto que fuera el precio que tuviera que pagar. Afortunadamente Sadik se limitó a guiarla hacia la pista y tomarla entre sus brazos para bailar.



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