
La última vez que ella había estado allí el deseo había ocupado el lugar de la razón. Esperaba que aquellos meses hubieran servido para darle un poco más de sentido común, pero obviamente había esperado en vano. Su primer impulso fue arrojarse a sus brazos y suplicarle que la tomara allí mismo contra la pared, delante de todo el mundo. Su segundo impulso fue salir corriendo.
Sadik se paró delante de ella. Llevaba un traje hecho a medida que probablemente le habría costado más de lo que Cleo ganaba en dos meses. Y no tenía ninguna duda de que los zapatos valían el equivalente a su sueldo anual. No tenía nada en común con aquel hombre, y olvidarse de ello sólo serviría para romperle el corazón.
– Hola, Cleo -dijo él con aquella voz sensual y profunda que se le metía en los huesos.
– Hola, Sadik. Me alegro de verte -respondió ella tratando de sonreír con naturalidad pero sin conseguirlo.
Los ojos oscuros del príncipe se clavaron primero en su cabeza. Frunció ligeramente el ceño al observar su cabello corto peinado de punta. Luego le recorrió con la mirada el rostro y el cuerpo, deteniéndose en los pechos y en las caderas.
Cleo no cumplía con el ideal de la figura perfecta, a menos que se considerara como tal los cuadros de Rubens. Pero el príncipe Sadik le había dejado muy claro que encontraba deseable todos y cada uno de los rincones de su cuerpo. Incluso en aquel momento, al mirarla, expresaba sin palabras el placer que le producían sus curvas. El deseo de Sadik la hizo derretirse. Estaba deseando pedirle que retomaran su historia en el punto en que la habían dejado. Pero el poco sentido común que le quedaba la obligó a mantenerse en silencio.
Sadik movió inconscientemente la mandíbula, dando prueba de la tensión que pretendía ocultar y saludó a Zara con la cabeza antes de girar sobre sus talones y marcharse por donde había venido. Cleo se quedó con la sensación de que sólo había querido hacer una comprobación, tal vez verificar que su pasión seguía viva. Y lo estaba. Lo que Cleo no tenía muy claro era si aquello le parecería al Príncipe una buena noticia.
