Capítulo 2

CLEO dio otra vuelta en la cama y se giró para mirar el reloj. Estaba tan cansada por la tarde que se había retirado a su dormitorio para echarse una siesta, y ahora era incapaz de conciliar el sueño. Era casi medianoche, y se sentía más inquieta que cansada. Tal vez se sentiría mejor si saliera a respirar un poco el aire. Se levantó y abrió las puertas del balcón que había en su alcoba. Nada más salir sintió el aire fresco del otoño y aspiró con fuerza el aroma de las flores del jardín y del mar que se adivinaba algo más allá. Podía escuchar los sonidos de las criaturas nocturnas acompañado por el vaivén de las olas. Aquello era como un sueño, pensó con una sonrisa. Pero había descubierto que los sueños a veces no terminaban felizmente. La última vez que había estado sola de noche en aquel balcón había soñado con un príncipe con el que compartir aquel momento. Pero ahora ya sabía que los príncipes eran unos tipos estupendos…vistos desde fuera.

Un sonido extraño le llamó la atención. Cleo se giró y distinguió a alguien moviéndose entre las sombras. El corazón le dio un vuelco. No por miedo, sino porque había reconocido a aquel hombre sin necesidad de verle la cara.

Sadik caminó hacia ella guiado por la luz de la lamparita que había justo a la izquierda de la puerta del dormitorio de Cleo. No dijo ni una palabra. Tanto mejor, porque ella tenía la garganta seca.

Llevaba puestos unos pantalones vaqueros y camisa de polo. Aquel atuendo no tenía nada de raro, pero Sadik era un príncipe y Cleo nunca lo había visto de otra manera que no fuera con traje de chaqueta o esmoquin. O desnudo. Pero mejor sería borrar aquella imagen de la cabeza, pensó.

Sadik se detuvo a menos de un metro de ella. Su expresión no reflejaba nada en concreto, pero Cleo tuvo la impresión de que no se alegraba de verla. Medía al menos dos metros, lo que significaba que le resultaba muy fácil mirarla por encima del hombro.



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