
– No lo creo.
– Maldita sea, me encanta ser una pecadora.
– Bueno, a tu hijo lo tuviste fuera del matrimonio.
– Bien dicho. Me conformaré con eso.
Myron la miró.
– ¿Qué pasa?
– Tú, casada. -Meneó la cabeza.
– Nunca he sido buena para el compromiso, ¿no?
– Cambias de pareja como un cineplex de película.
Esperanza sonrió.
– Cierto.
– Ni siquiera recuerdo que te mantuvieras con el mismo género más de un mes.
– Las maravillas de la bisexualidad -dijo Esperanza-. Pero con Tom es distinto.
– ¿Ah, sí?
– Le quiero.
Él no dijo nada.
– No crees que sea capaz -dijo ella-. Serle fiel a una persona.
– Yo no he dicho eso.
– ¿Sabes lo que significa ser bisexual?
– Por supuesto -dijo Myron-. He salido con muchas mujeres bisexuales. Yo menciono el sexo, y ella dice «adiós».
– Vale, un mal chiste -dijo él-. Es que… -se encogió de hombros.
– Me gustan las mujeres y me gustan los hombres. Pero si me comprometo es con una persona, no con un género. ¿Me entiendes?
– Claro.
– Bien. Ahora cuéntame qué pasa con Ali Wilder.
– No pasa nada.
– Win dice que todavía no lo habéis hecho.
– ¿Eso ha dicho Win?
– Sí.
– ¿Cuándo?
– Esta mañana.
– ¿Y ha venido a decir eso?
– Primero ha hecho un comentario sobre el aumento de mi talla de copa desde que di a luz, y después sí, ha dicho que salías con una mujer desde hace más de dos meses y todavía no habíais hecho nada malo.
– ¿Por qué lo dice?
– Lenguaje corporal.
– ¿Eso ha dicho?
– Win entiende en lenguaje corporal.
Myron sacudió la cabeza.
– ¿Tiene razón entonces?
– Esta noche ceno en casa de Ali. Los chicos se quedan en casa de su hermana.
