– Y aún fue peor. En la casa, descubrí una pila de invitaciones. Tenía treinta centímetros de grosor, no exagero. El mayordomo me dijo que habían empezado a llegar el día después de que avisara a mi madrina que iría a visitarla.

El silencio reinó mientras todos lo digerían, extrapolaban, consideraban…

Christian se inclinó hacia adelante.

– ¿Quién más ha estado en la ciudad?

Todos los demás negaron con la cabeza. Todos habían regresado hacía poco a Inglaterra y habían ido directos a sus fincas.

– Muy bien -continuó Christian-. ¿Significa eso que la próxima vez que asomemos la cabeza por la ciudad, nos veremos acosados como Tony?

Todos se lo imaginaron…

– En realidad -comentó Deverell-, es probable que sea mucho peor. En este momento, hay muchas familias de luto y, aunque estén en la ciudad, no salen. El número de visitas debería verse reducido.

Todos miraron a Tony, que negó con la cabeza.

– No lo sé. No esperé para descubrirlo.

– Pero como dice Deverell, debería ser así. -El rostro de Gervase se endureció-. Sin embargo, ese luto acabará a tiempo para la próxima Temporada. Entonces, las arpías irán de un lado a otro, buscando víctimas, más desesperadas e incluso más decididas.

– ¡Diablos! -Charles habló por todos ellos-. Vamos a ser precisamente el tipo de objetivo que nos hemos esforzado por no ser en la última década.

Christian asintió, serio, grave.

– Es un escenario diferente, pero por el modo en que las damas de la buena sociedad juegan sus cartas, es una especie de guerra.

Tristan se recostó en su asiento, negando con la cabeza.

– Es lamentable que nosotros, héroes de Inglaterra, tras haber sobrevivido a todo lo que los franceses nos han lanzado encima, regresemos a casa para enfrentarnos a una amenaza aún peor.

– Una amenaza para nuestro futuro como ninguna otra y con la que, debido a nuestra lealtad al rey y al país, no estamos tan familiarizados como muchos hombres más jóvenes, acostumbrados a enfrentarse a ella -añadió Jack.



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