
Volvió a hacerse el silencio.
– Sabéis… -Charles St. Austell removió su jarra, trazando círculos-, nos hemos enfrentado a peores situaciones y hemos salido vencedores. -Alzó la mirada y los estudió-. Todos tenemos más o menos la misma edad… ¿Qué hay, cinco años de diferencia entre nosotros? Todos nos enfrentamos a una amenaza similar y tenemos un objetivo similar en mente, por motivos similares. ¿Por qué no nos unimos, entonces, y nos ayudamos mutuamente?
– ¿Uno para todos y todos para uno? -preguntó Gervase.
– ¿Por qué no? -Charles volvió a mirarlos a todos-. Tenemos bastante experiencia en temas de estrategia. Seguro que podemos plantear esto como cualquier otra misión.
Jack se irguió en su asiento.
– Sin competir los unos con los otros. -Él también los miró a todos a los ojos-. Somos parecidos hasta cierto punto, pero también muy distintos. Todos procedemos de familias diferentes, de condados diferentes y no es que haya pocas damas, sino, más bien, demasiadas compitiendo por nuestras atenciones, ése es nuestro problema.
– Creo que es una idea excelente. -Christian apoyó los antebrazos sobre la mesa y miró a Charles, luego a los demás-. Todos tenemos que casarnos. Aunque, no sé vosotros, pero yo lucharé hasta el último aliento por conservar el control de mi destino. Seré yo quien elija a mi esposa. De ninguna manera permitiré que me la endilguen. Gracias al fortuito reconocimiento del terreno de Tony, ahora sabemos que el enemigo nos estará esperando, listo para atacar en cuanto aparezcamos. -Volvió a mirarlos a todos-. Así que, ¿cuál será nuestro plan de acción?
– El mismo que siempre hemos usado -respondió Tristan-. La información es la clave. Compartiremos lo que descubramos. Disposiciones del enemigo, sus hábitos, sus estrategias preferidas.
Deverell asintió.
– Compartiremos las tácticas que funcionen y avisaremos de cualquier dificultad que percibamos.
