– Pero lo que necesitamos primero, más que nada -intervino Tony-, es un refugio seguro. Siempre es lo primero que establecemos cuando nos adentramos en territorio enemigo.

Todos guardaron silencio mientras pensaban.

Charles hizo una mueca.

– Antes de escuchar lo que Tony nos ha explicado, habría imaginado que serían nuestros clubes, pero está claro que no servirán.

– No, y nuestras casas no son seguras por motivos similares. -Jack frunció el cejo-. Tony tiene razón. Necesitamos un refugio donde podamos estar seguros de que estamos a salvo, donde podamos reunirnos e intercambiar información. -Arqueó las cejas-. ¿Quién sabe? Quizá haya ocasiones en las que nos vaya bien ocultar la relación que hay entre nosotros, al menos socialmente.

Los demás asintieron mientras intercambiaban miradas.

Christian puso voz a sus pensamientos.

– Necesitamos un club propio. No para vivir en él, aunque seguramente querremos disponer de unas cuantas alcobas en caso de necesidad, sino un club donde podamos reunirnos y desde donde podamos planear y llevar a cabo nuestras campañas a salvo, sin tener que estar cubriéndonos las espaldas.

– No un escondite -caviló Charles-. Más bien un castillo…

– Un bastión en pleno corazón del territorio enemigo. -Deverell asintió con decisión-. Sin él, estaremos demasiado expuestos.

– Y tened en cuenta que hemos estado fuera mucho tiempo -gruñó Gervase-. Las arpías se abalanzarán sobre nosotros y nos atarán de pies y manos si entramos en la alta sociedad sin ir preparados. Hemos olvidado cómo es… si es que alguna vez lo supimos realmente.

Tácitamente, todos estaban de acuerdo en que navegarían por aguas desconocidas y, por lo tanto, peligrosas. Ninguno de ellos había pasado un tiempo significativo en sociedad después de cumplir los veinte años.

Christian miró a sus compañeros.



14 из 415