– Contamos con cinco meses completos antes de que necesitemos nuestro refugio; si lo tenemos para finales de febrero, podremos regresar a la ciudad y deslizarnos más allá de los piquetes, desaparecer siempre que queramos…

– Mi casa está en Surrey. -Tristan miró a los otros a los ojos-. Si podemos decidir lo que queremos como fortaleza, podré introducirme en la ciudad y arreglarlo todo sin crear alboroto.

Charles entornó los ojos; su mirada se volvió distante.

– Algún lugar cerca de todas partes, pero no demasiado cerca.

– Tiene que estar en una zona de fácil acceso, pero no evidente. -Deverell dio unos golpecitos en la mesa mientras pensaba-. Cuanto menos gente nos reconozca en el vecindario, mejor.

– Una casa, tal vez…

Estudiaron los requisitos y rápidamente acordaron que lo que les iría mejor sería una casa en una de las zonas más tranquilas, fuera pero próxima a Mayfair y, sin embargo, que no estuviera lejos del centro de la ciudad. Una casa con salas de visita y espacio suficiente para que todos ellos se reunieran, con una habitación en la que pudieran recibir a damas si era necesario, pero que les permitiera no tener ninguna presencia femenina en el resto de la casa, con tres dormitorios como mínimo, y cocinas y aposentos para el personal, un personal que comprendiera sus requisitos…

– Eso es. -Jack golpeó la mesa-. ¡Brindemos! -Cogió la jarra y la levantó-. Por Prinny y su impopularidad. Si no fuera por él, no estaríamos hoy aquí y no habríamos tenido la oportunidad de hacer que nuestro futuro, el de todos nosotros, fuera mucho más seguro.

Con amplias sonrisas, bebieron. Luego, Charles empujó su silla hacia atrás, se puso en pie y levantó la jarra.

– ¡Caballeros, brindo por nuestro club! ¡Nuestro último bastión contra las casamenteras de la buena sociedad, nuestra base segura desde la que nos infiltraremos, identificaremos y aislaremos a la dama que cada uno desee, luego, tomaremos la alta sociedad por asalto y la conquistaremos!



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